La «inserción» en las Empresas de Inserción

Estamos acostumbrándonos a escuchar constantemente los términos empleabilidad e inserción social unidos entre sí, como parte indisoluble de una misma realidad. Una realidad interesadamente maquillada por parte de las instituciones públicas, que por su ineficacia y cobardía necesitan de una cabeza de turco (las personas desempleadas) sobre la que hacer recaer la responsabilidad de solucionar una crisis y sus efectos.

Pero también hay otro actor económicamente interesado, las mal llamadas empresas de inserción, que nos proponen una misma solución para resolver nuestros problemas económicos: trabajar para ellas, porque “necesitamos un acompañamiento” que nos lleve a una inclusión social.

Dejando de lado el debate sobre si una persona, por el hecho de no tener ingresos, pierde su capacidad de raciocinio o queda incapacitada para tomar decisiones, debemos tener en cuenta algunas circunstancias que rodean a quienes nos quieren empujar a la fuerza hacia dichas “experiencias laborales”, como las define el Gobierno Vasco (que no nos habla de empleo ni  tan siquiera de trabajo, sino únicamente de experiencias laborales).

Las empresas de inserción se crearon en un principio para apoyar a quienes tenían una dificultad añadida para encontrar un empleo o una exclusión social que les dificultaba su acceso al trabajo normalizado, debido a la dependencia de sustancias estupefacientes, a entornos familiares conflictivos, etc. Y para ello diseñaron una infraestructura y unas formas de funcionamiento que tomaran en cuenta más o menos tales circunstancias. No seremos nosotros quienes lo aplaudamos, pero podemos admitir que en su razonamiento parece existir una cierta lógica.

Con el paso del tiempo, esas empresas crecieron gracias sobre todo a las numerosas subvenciones y empezaron a ampliar su espectro de actuación. Y curiosamente, este de las empresas de inserción es el único negocio en expansión hoy en día, y no hay que olvidar que detrás de ellas hay socios capitalistas (inversores) que en muchos casos copan al mismo tiempo los órganos directivos de diferentes empresas de inserción.

En la actualidad, esas empresas son una pieza clave en los planes del Gobierno Vasco para proporcionar una “experiencia laboral” a personas perceptoras de la RENTA DE GARANTIA DE INGRESOS, personas que en su inmensa mayoría no han sido diagnosticadas como socialmente excluidas, ni están por tanto eximidas de ninguna obligación para con las instituciones, como si ocurre en cambio con las personas a las que se diagnostica como “de difícil empleabilidad”.

Y que nadie crea que su actividad es una labor humanitaria guiada por principios éticos o morales, ya que el Gobierno vasco paga a dichas empresas hasta 1500 euros mensuales por cada persona contratada, además de las consiguientes subvenciones por otras vías. Es decir, estas “empresas de inserción”  obtienen trabajadores gratis que en  muchos casos son obligados a trabajar a la fuerza si no quieren perder el derecho a percibir la RGI.

Por si esto nos pareciera ya poco ético, que podríamos decir de aquellas empresas de inserción que utilizan la amenaza de informar al gobierno vasco sobre una “actitud poco positiva hacia el empleo” (y la consiguiente pérdida de  sueldo y de la prestación social a posteriori) para mantener callados a sus trabajadores. Y ya si tomamos como ejemplo cualquier fundación que para muchos es modelo de labor social y que cualquiera pudiéramos tener en mente, hemos de saber que mientras que los trabajadores de esa fundación tienen un convenio laboral propio, para los contratados por medio de estos planes del Gobierno Vasco utilizan en cambio el convenio de referencia estatal de su sector, lo cual implica que la categoría más baja de la fundación cobra más de 300 euros mas al mes que los “obligados”. ¿Y qué diríamos  si supiéramos que una persona “obligada” cobra 800 euros y la que les presiona para que produzcan más y en menos tiempo cobra 1700 (no era la inserción social el objetivo, y no la productividad)? ¿Y qué decir de cuando van los medios de comunicación a alabar lo buenas que son, y los trabajadores que pueden poner una nota discordante son enviados a trabajar cuanto más lejos mejor, no sea que se le ocurra abrir la boca y nos estropeen la foto?

Hasta que las empresas de inserción se dediquen a insertar a quien tenga un problema social y no exclusivamente económico, creeremos que las empresas de inserción insertan solo a quienes las crean, pero no en nuestra sociedad sino en la camarilla de los estómagos agradecidos, de los colaboradores necesarios de la injusticia, en la del chanchullo y el compadreo con el poder, en la de quienes la palabra ética es solo parte de la estética.

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